La mayor crisis del reinado de Mohamed VI acerca a España y Marruecos.

Decenas de miles de manifestantes exigen en Rabat la libertad de los “presos políticos” del Rif. Los servicios secretos españoles ayudan a Marruecos a evaluar los apoyos que recaban en España

Se acabaron, por ahora, los saltos de inmigrantes subsaharianos a la valla de Ceuta que tan masivos fueron a principios de año. La mayor revuelta del reinado de Mohamed VI —fue entronizado rey hace 18 años— está provocando esta primavera un inesperado acercamiento entre España y Marruecos, que ya mantienen de por sí buena relación.

La crisis marroquí alcanzó, el domingo 11, un nuevo cénit cuando se desarrolló en Rabat una manifestación multitudinaria, sin precedentes desde que en 2011 estalló la llamada ‘primavera árabe’, en solidaridad con las reivindicaciones del Rif. La convocaron el gran movimiento islamista ilegal Justicia y Espiritualidad (JyE) junto con algunos pequeños partidos izquierdistas y asociaciones juveniles.

Al cortejo de protesta se sumaron, desoyendo las consignas de sus direcciones, militantes de las juventudes del Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD, islamista moderado) e incluso del socialista. Ambas formaciones participan en la coalición que respalda al Gobierno de Rabat.

‘Abreviemos: este Estado está podrido’ y ‘Dignidad, libertad, justicia social’ eran algunos de los eslóganes más coreados por decenas de miles de manifestantes que, sin poder beber a causa del Ramadán, recorrieron el centro de Rabat donde la temperatura alcanzaba los 32 grados. Pese a que los manifestantes rebasaron los 100.000, según los organizadores, las fuerzas de seguridad estaban prácticamente desaparecidas, excepto frente a la sede del Parlamento en la avenida Mohamed VI.

Las familias de los detenidos en el Rif en las dos últimas semanas ocupaban un lugar privilegiado en el cortejo en el que los islamistas de JyE —separados entre hombres y mujeres— eran los más numerosos y también los más disciplinados. Su orden cuasi militar contrastaba con el alboroto de los jóvenes izquierdistas, que agitaban las banderas negras del 20-F (20 de febrero), el símbolo de la ‘primavera árabe’ en versión marroquí que fracasó hace seis años. Numerosos manifestantes enarbolaban también la bandera bereber.

En otros tiempos, las turbulencias por las que pasaba Marruecos y el Sáhara Occidental que administra repercutían negativamente sobre la relación con España, a la que, de una forma o de otra, se le reprochaba desde Rabat atizar el fuego. Se respondía a las supuestas ‘provocaciones’ del vecino español con, por ejemplo,manifestaciones masivas contra el Partido Popular, como la organizada en Casablanca en noviembre de 2010.

 

 

 

 

 

 

Esta vez, la revuelta del cercano Rif —apenas 169 kilómetros separan Alhucemas de Málaga— no ha suscitado crítica alguna hacia España y sus autoridades. Cuando la prensa afín al ‘majzén’ (centros de poder) e incluso algunos responsables marroquíes sostienen, sin aportar pruebas, que las protestas rifeñas están financiadas desde el extranjero, señalan a Argelia, al Frente Polisario y a algunas asociaciones de inmigrantes en los Países Bajos. En las redes sociales, supuestos patriotas marroquíes acusaron incluso a un periodista español afincado en Tetuán de ser el enlace entre los servicios secretos argelinos y los rebeldes rifeños.

Tanta cautela por parte de Rabat se explica porque el Gobierno de España ha tenido, desde su punto vista, una actitud “intachable”. Necesita además su ayuda porque gran parte de los apoyos que reciben los “alborotadores” rifeños se generan o transitan por España. La prioridad de los colaboradores de la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED, servicio secreto exterior) y de la Dirección General de Supervisión del Territorio (DGST, policía) desplegados en España no son ya, desde hace un mes, los islamistas radicales ni los independentistas saharauis, sino los rifeños nacionalistas, según indican fuentes conocedoras de su trabajo.

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El Gobierno español continuó dando muestras de su espíritu conciliador con Marruecos cuando la rebelión en el Rif ya languidecía

Al día siguiente de su intervención, Amnistía Internacional publicó un comunicado, en línea con el de otras organizaciones de defensa de los derechos humanos, cuyo título era: ‘Los manifestantes del Rif, castigados con una oleada de detenciones en masa’. Las detenciones superan el centenar, pero hasta el momento hay solo 86 imputados. La mayoría están en prisión preventiva.

“La respuesta cada vez más agresiva del Gobierno [de Marruecos] y el consiguiente aumento de las tensiones ilustran el elevado riesgo que la situación tiene para uno de los pocos países estables que quedan en la región”, advertía Sarah Feuer, en un análisis consagrado al Rif publicado por el Washington Institute for Near East Policy, un prestigioso ‘think-tank’ conservador británico.

Bajo cuerda, los diplomáticos españoles que conocen la zona expresan su preocupación. Ellos y sus colegas de otros países del sur de Europa con sensibilidad hacia Marruecos formulan el deseo de que, para rebajar la tensión, al concluir a finales de junio el mes de ayuno del Ramadán, con motivo de la fiesta del Aid el Fitr, el rey conceda su gracia a todos los reclusos rifeños, aunque la mayoría no habrán sido aún juzgados. El monarca solo suele, sin embargo, perdonar a condenados y no a los que están en prisión preventiva.

La cara menos halagüeña de esta moneda es que algunos de los liberados podrían pedir asilo político en España, colocando a sus autoridades en una situación embarazosa de cara a Marruecos. En Madrid se teme además que la gran dedicación al Rif de las fuerzas de seguridad marroquíes les haga distraerse del terrorismo, una materia en la que España necesita como el comer su cooperación.

El respaldo español a Rabat no se limita a las buenas palabras. El Centro Nacional de Inteligencia (CNI), el servicio secreto español hegemónico, atendió a finales de mayo una petición de sus homólogos marroquíes de la DGED para que le ayudasen a establecer un mapa y evaluar los apoyos que la revuelta recaba en España, tanto por parte de rifeños como de instituciones, partidos políticos y asociaciones españolas.

En Madrid se teme además que la gran dedicación al Rif de las fuerzas de seguridad marroquíes les haga distraerse del terrorismo

El CNI negó reiteradamente, a través de su gabinete de comunicación, haberse dedicado a esta tarea, pero fuentes conocedoras de su labor en varios lugares de España —las principales comunidades rifeñas están afincadas en Barcelona, Madrid, Baleares y Melilla— aseguran que recopiló esta información, que en gran medida es abierta, porque circula por las webs de asociaciones y las redes sociales.

En Europa hay unos dos millones de inmigrantes de origen rifeño, según el historiador francés Pierre Vermeeren —representan casi la mitad de la población del Rif marroquí— y residen mayoritariamente en los Países Bajos, pero España es el lugar elegido para buena parte de sus actividades de apoyo a sus “hermanos en lucha”, como describen a Nasser Zefzafi, el líder detrás de los barrotes, y a todos los que le secundan.

Lo es por su cercanía geográfica y porque varios partidos e instituciones les han brindado su respaldo, empezando por el Ayuntamiento de Barcelona, cuyo pleno aprobó, el 26 de mayo, una declaración denunciando “el proceso de militarización del Rif” que no votaron el PP ni Ciudadanos, pero sí el Partit Demòcrata Europeu Català. Cuando se llamaba Convergència, era sin parangón la formación más promarroquí.

Tres días después, el consistorio de Mataró hizo otro tanto, y ahora se están gestando iniciativas similares en Badalona, Terrassa y Villafranca del Penedés. Curiosamente, en Melilla, una ciudad española cuya población es mayoritariamente rifeña, nadie ha planteado seguir el ejemplo de Barcelona, ni siquiera Coalición por Melilla, el principal partido de oposición, cuyo líder, Mustafa Aberchán, y sus militantes son originarios del Rif. “Lo haremos en breve”, contestó Aberchán desde Ammán, donde se encuentra de viaje.

Fue la independentista Candidatura d’Unitat Popular (CUP) la que introdujo en mayo esa moción en el Ayuntamiento de Barcelona y ahora trata de hacer otro tanto en el Parlament catalán. Respalda a la Comissió Catalana de Suport al Moviment Popular del Rif, y sus militantes acuden a muchas de sus manifestaciones desde que, a finales de octubre, se rebeló Alhucemas tras la muerte de un vendedor ambulante de pescado, Mohcine Fikri, triturado por un camión de la basura en el que fue vertida la mercancía que se le incautó. Las banderas esteladas catalanas se entremezclan entonces en Barcelona con las bereberes y con las de la efímera República del Rif (1921-1926) que se fabrican en los Países Bajos.

 

 

 

 

 

Origen: Noticias de Marruecos: La mayor crisis del reinado de Mohamed VI acerca a España y Marruecos. Noticias de Mundo

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