Los pactos de La Moncloa 20.0

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¿Podemos conceder el beneficio de la duda a la oposición ultra y plus ultra derechistas españolas que hasta de una pandemia pretenden sacar rédito político?

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Los pactos de La Moncloa 20.0

El título hace referencia al año 2020 y a partir de 0 en cuanto a posturas encontradas.

Comenzaremos por el final de los pactos del 77. Fueron un ejemplo de unidad, no se realizaron para excluir a nadie ni para derrocar o cambiar al Gobierno. Así mismo fueron imprescindibles para la posterior redacción de la actual Constitución. Y prácticamente fueron obligatorios por el contexto socioeconómico mundial unido al político nacional.

¿Podemos conceder el beneficio de la duda a la oposición ultra y plus ultra derechistas españolas que hasta de una pandemia pretenden sacar rédito político?

Antes de que cada cual conteste a esta pregunta me gustaría señalar que NO se equivoca todo aquel que gobierna o pretende gobernar si antepone el beneficio común a los intereses partiditas o personales.

Nuestro país está dando un ejemplo de responsabilidad y solidaridad encomiable, si obviamos ciertos exabruptos políticos que siempre provienen del mismo lugar. ¡Sí, hay que mirar a la derecha y más allá! No tenemos más que ver como se están comportando el resto de oposiciones de nuestros vecinos europeos para juzgar correctamente la actuación de parte “nuestra oposición” ante esta crisis mundial.

España suele tener, casi siempre, un factor diferencial ante las crisis mundiales, en este caso es la actitud tanto de PP como de Vox.

Vox ha mostrado claramente, por si alguien tenía dudas, sus intenciones: Gobierno de concentración sin Sánchez ni Podemos. Buena carta de presentación para llegar a los acuerdos de La Moncloa 20.0 solicitar la destitución del Presidente del Gobierno y del partido de coalición que sustenta el Gobierno. Veo buena voluntad por su parte. Ironía.

En lo concerniente al PP necesitaría que volviese el Sr. Rajoy para que pudiese tan siquiera plantearse la posibilidad de un nuevo pacto de La Moncloa. El Sr. Casado queda muy bien en la foto haciendo de compañero de viaje del Sr. Abascal, pero intentar participar de forma positiva, diligente y eficiente en unos acuerdos de estas características parece quedarle muy, muy grande. Si participa será para justificar posteriormente que ha sido imposible porque los “malvados comunistas” del Gobierno, en el que según el Portavoz del Grupo Popular en el Senado “Quien manda es Iglesias”, no han querido.

Volviendo al 77, en su preámbulo se decía que estos pactos “recogen el fruto de una negociación entre las fuerzas políticas españolas, [estas] eran conscientes de que la grave situación española requería un esfuerzo común construido a base del más auténtico patriotismo. Existía, por tanto, en la toma de conciencia de nuestra situación esa coincidencia en anteponer los intereses comunes y de Estado a los intereses de partido”.

Extraemos auténtico patriotismo y anteponer los intereses comunes y de Estado a los intereses de partido.

Pues en estos días comprobaremos quienes son auténticos patriotas y quienes anteponen los intereses comunes y de Estado a los intereses de partido. Mucho me temo que el próximo pleno nos dará, de nuevo, una contundente respuesta.

De regreso al 77, el director general de Política Económica, José Luis Leal, explicaba que “La idea era un ajuste general para luego abordar una Constitución para todos y no que estuviera partida, ése era el sentido profundo de aquellos pactos”.

El contexto socio político en el que tuvieron lugar estos pactos poco se parece al actual. No somos la misma sociedad que en el 77 ni tiene tan presente los peligros de no estar unidos en estas circunstancias si no las ultra y plus ultra derecha no actuarían como han actuado hasta ahora. En el 77 se salía de una dictadura, ahora estamos en democracia y en la UE. En el 77 la crisis económica no era consecuencia de una pandemia. En el 77 el pueblo apenas tenía información comparado con hoy día, sabemos que el desmantelamiento de la Sanidad pública española es responsabilidad máxima de un partido concreto, etc

Una pregunta relevante, si llegamos a recrear unos pactos de La Moncloa 20.0 ¿se abordará, como ocurrió en el 77, la Constitución? Necesita imperiosamente una actualización.

Otra cuestión importante, en el 77 patronal y sindicatos estuvieron prácticamente al margen de estos pactos ¿sería posible en la actualidad uno acuerdos de este tipo sin ellos? Parece inviable.

Los Pactos de la Moncloa 20.0 deberían englobar pacto social (Gobierno, patronal y sindicatos) con pacto político (Gobierno y oposición). Que es lo que se intentó en el 77 pero la patronal prácticamente era una neonata y los sindicatos “novedosos” instrumentos sociales de los que se desconocía su auténtica representatividad y según Nicolás Sartorius, dirigente entonces de Comisiones Obreras y del PCE; “le sugerimos que lo importante era alcanzar un acuerdo económico y político. Si hubiera alcanzado un pacto social con nosotros, probablemente habría pasado de buscar acuerdos tan amplios con los partidos como los que dieron lugar a los Pactos de la Moncloa”, refiriéndose a Suárez.

De vuelta al 77, una de las consecuencias, transversales o intencionadas, de los pactos fue la incorporación al orden político español preconstitucional del PCE. Se normalizó pacífica y eficazmente una situación impensable tan solo pocos años atrás. Todos, al menos públicamente, redujeron la intensidad del enfrentamiento y la postura radical anticomunista por parte de ciertos sectores franquistas recién “democratizados”. La sensación de que todos tenían mucho que perder y una sola posibilidad de ganar estuvo muy presente en todo momento durante la primera década democrática, si no más, en cada una de las actuaciones de nuestra clase política.

En la actualidad asistimos a como se está creando artificialmente un clima anticomunista, justo lo contrario de lo que ocurrió con los pactos de La Moncloa e incluso la transición. Los comunistas tuvieron que ceder, prácticamente la posibilidad de llegar alguna vez a gobernar, pero mira tú por dónde que en enero de 2014 surge un movimiento social muy potente que inmediatamente los auténticos filofascisfranquistas comienzan a etiquetar de todas las maneras posibles y por supuesto una de esas etiquetas es la de comunistas. Ideología que comienzan a demonizar por cualquier medio, especialmente con la manipulación mediante la creación de noticias y datos falsos, las famosas fake que debieran estar penadas antes de que consigan menoscabar más gravemente, aún, nuestra democracia. Hay una diferencia entre una mala noticia, mal cotejada o investigada con su posterior corrección pública ¡por supuesto! y una falsedad dirigida y manipuladora que se intenta hacer pasar por noticia. Esto es lo que debía estar penado. En multitud de casos son delitos de odio encubiertos tan solo porque quieres imponer tu manera de concebir la vida. Atenta directa y mortalmente contra la democracia y engendra monstruos inimaginables. Personalmente las identifico como hechos de una gravedad altísima. Si alguien insulta al Rey puede ir a prisión, pero ¡por estos temas no! No se puede esperar más para castigar como es debido tal ataque a nuestro sistema democrático. Cuando las fake atacan a derechos fundamentales, a colectivos que se consideren vulnerables, a empresas, a culturas, son juzgadas; por ejemplo: una tuitera que difundió unas imágenes grabadas en Brasil que atribuían conductas violentas a un grupo de menores no acompañados en España, es la primera imputada por una fake news. Pero es que atacar la libertad comenzando por la de pensamiento, con estos bulos como los que hemos vivido en las últimas campañas electorales y ahora con la crisis del COVID-19, es atacar a un derecho fundamental de los seres humanos.

En nuestro país siempre han estado presentes nostálgicos franquistas, y de más allá, profusamente anticomunistas pero su visibilidad era casi inexistente y su fortaleza era marginal, manipulando desde dentro de lo que con el Sr. Rajoy era una derecha derecha, no como ahora que es una ultraderecha con algunas personas de derechas.

Para concluir indicar que confío en la buena voluntad de Cs, hasta que me demuestre lo contrario, y por supuesto del Gobierno a la hora de intentar reeditar unos nuevos pactos de La Moncloa, pero también considero que mirar continuamente al pasado para hacer frente a los problemas actuales no debiera ser una máxima como parece ser. Que el espíritu sea el mismo ¡sí! pero el desarrollo totalmente actualizado requiere que se le dé un contexto diferente por ejemplo en el marco de la Agenda 2030.

“Los objetivos persiguen la igualdad entre las PERSONAS, proteger el PLANETA y asegurar la PROSPERIDAD como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible. Un nuevo contrato social global que NO DEJE A NADIE ATRÁS.

Una España que haya alcanzado los ODS en 2030 será el país con el que todos y todas soñamos.

Por eso, la Agenda 2030 está ya en el centro de la visión de Estado y de la acción de Gobierno”.

Ramón Rodríguez Casaubón

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